El amor no tiene religión: Boda de una católica y un no católico anglicano

El amor no tiene religión

“¿Eres católica?”, me preguntó. “Sí”, le contesté. Ahí me di cuenta de que nunca le había preguntado si él pertenecía a alguna religión. “Yo soy anglicano”, me dijo.

Nuestra historia

El día que conocí a Tim, no nos hicimos mucho caso. Tim y sus amigos estaban jugando Euchre, un juego de cartas que hasta ahora no entiendo. Me senté al costado de Tim y el trató de enseñarme a jugar sin mucho éxito porque, honestamente, los juegos de cartas no me encantan. Conversamos un poco, le dije que era de Perú, que extrañaba mi país, a mis amigas y amigos, la comida, la gente. Me dijo que ya me acostumbraría a Ottawa y que, dejando el frío terrible de invierno, era una ciudad linda. Después me confesaría que le parecí buena gente, pero le caí un poco pesada porque no dejaba de decir lo mucho que extrañaba Perú. Yo también le confesé que ese día me pareció buena gente, pero muy serio, le faltaba un poquito de joie de vivre.

Sin embargo, la segunda vez que nos vimos, algo cambió. Estábamos en un bar, sentados en la barra y lo empecé a mirar. Lo iluminaba una luz tenue, estaba pensativo moviendo su café y pensé: "qué bonito y dulce que se ve". Me dieron ganas de saber más de él y cuando salimos del bar conversamos un montón. Le conté que estaba emocionada por la llegada de la primavera y el verano e hicimos muchos planes para irnos de aventuras juntos. Ese día pensé: “Este chico será un buen amigo mío”.

Al poco tiempo no sólo se convirtió en mi mejor amigo y mi incondicional, sino que resultó ser que él es el amor de mi vida, y por alguna gracia divina, yo soy el suyo.

"Soy anglicano"

En una de las primeras citas, empezamos a hablar de Dios y de religión. Le conté que cuando tenía alrededor de 17 años, empecé a sentir un anhelo muy profundo de Dios y que incluso había considerado ser religiosa. “¿Eres católica?”, me preguntó. “Sí”, le contesté. Ahí me di cuenta de que nunca le había preguntado si él pertenecía a alguna religión. “Yo soy anglicano”, me dijo, “pero si tu quieres, me encantaría acompañarte a misa cuando vayas porque veo lo importante que es para ti”.

Yo creo que ya había empezado a amarlo, pero eso que me dijo me llenó el corazón de más amor. No porque iba a ir a misa conmigo, sino por esa entrega y disposición tan bonita y abierta que me mostró. En ese momento supe que él iría conmigo donde yo quisiera y yo iría con él donde él quisiera. Así pasaron los meses, él me acompañó a mis misas católicas y yo lo acompañé a las misas anglicanas cuando íbamos a visitar a sus papás.

La verdad es que nunca había contemplado salir con una persona que no fuera católica. Me acuerdo incluso haber tenido conversaciones con mi consejera y con algún amigo, sobre lo importante que era que una pareja tenga la misma fe. Pero con Tim, me di cuenta de que lo más importante es que una pareja tenga mucho amor, respeto y reverencia por la otra persona. Para mi, eso es tener a Dios, seas de la religión que seas.

"La católica y el no católico"

10 meses después nos comprometimos y empezamos a planear nuestra boda. Decidimos casarnos en una iglesia anglicana en un lugar a dos horas de Ottawa donde el vivió y donde viven sus papás. Quisimos casarnos ahí porque yo no conocía a muchas personas en Canadá y no tenía una comunidad, mientras que la comunidad a donde iban los papás de Tim era muy unida y le tenían mucho cariño. Cada vez que íbamos nos recibían con mucho amor y una sonrisa. Sabían que yo era la “novia católica”.

Con esos planes en mente buscamos la ayuda de un sacerdote católico que yo conocía, el padre Rick. Recuerdo que estaba ansiosa antes de mi primera reunión con él, no sabía cómo iba a explicar que yo soy católica, pero me quería casar con alguien de otra fe, en su iglesia y que no tenía intenciones de hacer que se convierta al catolicismo. Apenas le conté que mi novio era anglicano, el me contó que había hecho servicio militar y que su superior había sido un pastor anglicano con el que formó una amistad muy bonita. Eso me relajó, sentí mucha gratitud porque no había mejor persona para guiarnos en nuestro proceso de matrimonio.

Tim y yo fuimos a muchas reuniones con el padre Rick, quien pacientemente nos acompañó y dirigió a través de todo el papeleo para casarnos, un proceso un poco más complicado de lo normal porque yo como católica tenía que pedir permiso para casarme con alguien que no compartía mi fe y en una iglesia no católica. Siempre que nos sentábamos frente a él y nos explicaba sobre todo lo que teníamos que hacer y llenar, me señalaba a mi y me decía “la católica” y luego señalaba a Tim y decía “y el no católico”. Por alguna razón eso nos causaba mucha gracia y hasta ahora es una de las cosas que más recordamos de nuestras conversaciones con el padre Rick. Por el lado de Tim, el pastor Charles, quien nos casó, nos pidió ponerlo en contacto con el padre Rick para poder coordinar todo para el matrimonio y entre ellos organizaron el resto del papeleo.

Luego llegó el momento de compartir con las personas más cercanas a Tim y a mi sobre nuestros planes de matrimonio. Nuestras familias y amigos estaban muy felices por nosotros. Sin embargo, la noticia de que no me casaría en una iglesia católica, dio lugar a que haya un poco de preocupación: algunas personas no entendían por qué no me casaba en la iglesia católica, otras pensaban que seguro estaba renunciando a mi religión y me estaba convirtiendo al anglicanismo y otras nos aconsejaron que decidamos cuál religión queríamos y nos quedemos con una porque eso sería lo mejor. Pero para nosotros, siempre estuvo claro: ambos respetaríamos nuestras creencias, ya que a pesar de que existen diferencias, el común denominador es el amor.

La magia del amor

El día de nuestro matrimonio, fue uno de los días más mágicos de mi vida. En la ceremonia se podía respirar amor. El amor que yo le tengo a Tim, el amor que Tim me tiene a mi, el amor de nuestras familias y amistades que nos acompañaron ese día, el amor de Dios.

El padre Rick también estuvo presente y, después de que el pastor Charles nos declaró esposo y esposa, subió al altar y también bendijo nuestra unión. Fue un momento muy especial, mi cuerpo estaba explotando de amor y agradecimiento y con mi mano en el corazón miré a Tim y le susurré: esto es Dios.

Luego llegó la hora de la comunión y mi lado de la familia, en su mayoría de religión católica, no podía recibirla. Sin embargo, el padre Rick en un acto simbólico se acercó con los brazos cruzados a recibir la bendición del pastor Charles, y después de él, toda mi familia hizo lo mismo. Fue mágico ver como personas de distintas religiones podían coexistir en amor, en respeto, en bondad. Siempre estaré agradecida por la magia y el amor de ese día, por la disposición de nuestras familias y amistades y por el acompañamiento y la guía del padre Rick y el pastor Charles en nuestro proceso.

Dicen que todas las experiencias en nuestras vidas siempre nos dejan aprendizajes. Ese día fue el inicio de un camino aún más profundo en mi vida espiritual. La culpa y y el miedo por tener algunas creencias y algunos valores que no se alinean necesariamente con la religión católica, desaparecieron. Algo se liberó y cambió en mi, pero de eso ya escribiré en otro momento. Lo más importante, es que ese día mi corazón confirmó lo que yo venía sintiendo hace mucho tiempo: realmente el amor no tiene religión.

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1 thought on “El amor no tiene religión”

  1. Estoy maravillada con tus textos , quisiera saber más tus puntos de vistas y que linda historia la verdad !!! Me ha parecido de película.

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